miércoles, 29 de mayo de 2013

LOS CAMINOS DE LA VIDA

He sido fácilmente persuadido. La vida en la sierra me ha convencido más que los libros.

Con buenas intenciones muchos académicos, sobre todo sociólogos y antropólogos, han explicado la pobreza rural a partir del ejercicio abusivo del poder que siempre fomentó la explotación del campesino. Pero eso explica solo una parte del problema, y a la vez, esconde una cuestión fundamental que la vida en la sierra denuncia a gritos: ¡Falta de carreteras!

Hay que vivir en la sierra, no digo estar de “pasadita”. Hay que vivir en la sierra repito. Así podremos comprobar con nítida evidencia que la miseria rural es actualmente una triste consecuencia de la ausencia de caminos, la dispersión poblacional, la vida aislada y ensimismada de los caseríos y centros poblados del Perú rural.

¡Acortemos las distancias!

Perforemos y cortemos las montañas pero no para extraerles mineral y sacarlos del país sino para comunicarnos. Hagamos túneles, surquemos los cerros con caminos, maquillemos las pampas con pistas, burlemos los ríos con puentes de todos los tamaños, construyamos ferrocarriles por doquier, hagamos carreteras por todas las tierras. Donde se abre paso una carretera aparecen –sin comerlo ni beberlo– mil y un oportunidades, un plus de necesidades, y a la larga, servicios de toda índole.

Cuando a las personas les toma poco tiempo desplazarse de un pueblo a otro, las relaciones políticas y económicas empiezan a proliferar, y allí donde las personas se interrelacionan irrumpen las necesidades, y cuando más necesidades hay, como por arte de magia, los hombres se ven empujados de modo irresistible al movimiento, a la actividad, a la producción, al diálogo social, a la presión política, etc.

Mientras en las ciudades a muchos niños los recoge una combi en su casa y los deja en la puerta de su colegio, ¿saben cuánto demora caminando un niño campesino para llegar a su colegio en la sierra más intransitable de Cajamarca? Pues nada menos que dos horas y media, una agresiva caminata que le quita cinco horas al día y las pocas energías que le quedan para “estudiar”. Y mientras no haya una bendita carretera que conecte a su caserío con alguna urbe, será casi imposible que lleguen a su casa servicios tan básicos como agua potable, energía eléctrica, posta de salud…

Este es el Perú que debemos cambiar. ¡Hagamos muchos caminos al andar! Enfrentemos la agreste geografía serrana y hagámosla transitable.


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